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Katmandu comenzó como una pequeña aventura colegial que, gracias al interés y al empeño de sus integrantes, llegó a convertirse en referencia obligatoria durante la muy competida época de esplendor de las minitecas en Venezuela, desde comienzos de los años 80 hasta la primera parte de la siguiente década.

Todo surgió en el salón de clases de quinto año del colegio caraqueño Fray Luis Amigó, donde un pequeño grupo de amigos, Guillermo Palm, Juan Díaz, Javier Blanch y Telmo Almada, tuvieron la idea de sumarse a la movida que justo en aquel entonces protagonizaban minitecas muy recordadas, como Sandy Lane, New York New York (luego New York People) y Betelgeuse. No hace falta mencionar fechas exactas, era cuando sonaban los primeros remixes de “Don’t You Want Me” y “Situation” que, junto con muchas otras por el estilo, se convirtieron en la auténtica banda sonora del nacimiento de Katmandu. Curiosamente el mismo año, y del mismo salón de clases, salió la muy exitosa miniteca Explosion People, de los morochos Hernández.

 

Pero la supuesta rivalidad entre competidores más o menos famosos nunca existió. Por el contrario, la amistad y el compañerismo rodearon siempre el trabajo de Katmandu y logro asi al pasar los años que esto se conviertiera en el mas valioso y duradero de sus activos.

Como todo comienzo, el de Katmandu fue prácticamente artesanal. Sus muy famosos y recordados toboganes negros, que rodaron por todo el país, habían sido armados por los mismos chamos, a punta de tablas de visopan, taladros, caladoras y lijadoras, herramientas que algunos de ellos manejaban por primera vez en su vida. Durante aquellas sudorosas tardes surgió, en broma, la idea de llamar a la miniteca Black & Decker, o también Men At Work, el grupo de pop rock más de moda en el momento.

Por cierto, es hora de explicar el origen de la resonante marca Katmandu. Los nuevos minitequeros se habían propuesto tomar un nombre en español, para diferenciarse de la mayoría de sus colegas, que preferían las sonoridades en inglés. Así que la adopción del nombre de la capital de Nepal fue inspirada por una de las canciones que más les gustaban, The Hills Of Katmandu, un tema clásico del Disco Music underground europeo, que por sus agresivas, futuristas y larguísimas secuencias electrónicas.

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Aquellos gigantescos toboganes (después no cabían en ninguna parte) eran una copia hecha a mano de unas cajas que JBL acababa de diseñar. Cada uno fue equipado con dos sub bajos de 15 pulgadas, y en el mes de julio de 1983 recibieron por primera vez una señal de audio, procedente de dos enormes amplificadores domésticos: el legendario y nunca superado Sansui AU-9500, de tubos, y el no menos potente Pioneer SA 708, que era ya de circuitos integrados. Las casas de Guillermo y Juan se quedaron sin equipo de sonido, pero aquella tarde los toboganes originales Katmandu produjeron sendas ondas de bajo sólidas, redondas y de gran presencia. Justo lo que necesitaban.

El rider técnico original se completó con un plato Technics SL 1500 MK2 (sí, 1500, el que ajustaba el pitch mediante dos botones e indicaba el porcentaje de variación con un led de dos dígitos) y un 1200, el primero de varios, que aguantó hasta el final. Además, un pequeño mixer Numark (muy avanzado para la época) un deck doméstico Teac para las presentaciones (al prinicipio, Enrique Hoffmann únicamente decía Kat… Man… Du… la miniteca!) y unos audífonos comiquísimos blancos, marca Sony, que sonaban durísimo.

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Podria incluso hoy confundirse con cualquier pieza techno o progressive de la actualidad. De aquel nombre de raíz asiática surgió el emblema de la pagoda, y también el diseño de las primeras letras, con rasgos orientales, que al poco tiempo fueron modernizadas con un nuevo logotipo y los colores definitivos: fucsia sobre negro (en lugar del original marrón).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El 23 de julio de 1983 la miniteca Katmandu debutó en el Hotel CCT Venantur. Fue un verdadero contrato para amenizar una boda que no era de nadie de la familia de los minitequeros, y por el que se cobró la tarifa estándar original de 1.500 bolívares (antiguos) hasta que terminara la fiesta. Sonaron las canciones All Night Long, Karma Chamalleon y 99 Red Balloons, el Hit Parade de la época.

Los contratos y las presentaciones comenzaron a sucederse unos tras otros, y así fue creciendo la fama y el prestigio de la miniteca, que muy pronto se codeó con sus competidoras más famosas. Llegaron nuevos integrantes, como Alejandro Santamaría, también del Fray Luis Amigó, un excelente disc-jockey que pasó a hacerse cargo de las mezclas de merengue, en vista de que Telmo prefería ocuparse sólo de la changa y el new wave. También se unió Eleazar Montilla, un DJ de primera línea que hoy es muy reconocido en el ambiente de la electrónica nacional como DJ Ele, y ha alternado con las más grandes estrellas del house y el techno que han visitado Venezuela. Telmo, por su parte, también se mantuvo en activo y aún hoy se le puede encontrar en el circuito de locales y eventos de electrónica como DJ Alma.

Juan y Guillermo estuvieron a cargo de que la parte técnica evolucionara desde un principio y hasta el final. La evolución del arsenal de audio de Katmandu tomaría varios capítulos, pero basta decir que, progresivamente, los rack de esta miniteca incluyeron una impresionante alineación de amplificadores Peavey CS 800 (los que hoy llaman cara fea o cara cuadrada) y los por entonces muy utilizados divisores de frecuencia (crossover) marca DOD. Los enormes toboganes fueron sustituidos primero por aquellas cajas que algunos llamaban “eliminator” y finalmente por 8 toboganes individuales (un sub bajo cada uno) pero esta vez de fabricación profesional. La sección de medios y agudos se completó con esos dispersores muy grandes que apodaban “trompetas”, con diafragmas originales Electro Voice. A Katmandu le tocó la época de la acelerada explosión y competencia en equipos de iluminación, así que muy pronto tuvo que armarse con gusanos, bolas, doble bolas, arañas, en fin, todo lo que podía conseguirse e el mercado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Nunca fue el propósito de la miniteca reunir enormes montañas de equipo, como tampoco crecer para cubrir todo lo que el mercado demandara. De hecho, en su momento de mayor expansión sólo tuvo tres módulos completos (para tres eventos simultáneos). Sin embargo, era política de la miniteca no cubrir tantos eventos como para afectar la calidad general por una repartición inadecuada de los equipos. Así que no importaba si un día quedaba un evento que no se podía realizar, o si otro día el único evento era tan pequeño que no se podía llevar ni una cuarta parte del equipo.

Después de haber alcanzado una posición que le permitía igualarse con cualquier competidor (compartió tarima con casi todos) la consagración de Katmandu en cuanto a difusión masiva llegó con el programa 99.0 Club Mix, que todos los sábados transmitía la emisora Tropical 99.0 entre 10:00 y 12:00 de la noche. Se trataba de un programa al estilo “sólo mezclas”, sin intervención de locutor ni interrupción de comerciales, en el que Katmandú logró difundir al público masivo algo de lo mejor que había conseguido: el más absoluto eclecticismo al momento de seleccionar la mejor música dance-electrónica de los 80, así como lo mejor del rock, el new wave, el ska y el reggae, estilos que definieron toda una época en Venezuela. A esto se sumaron las técnicas de mezcla de precisión que sus DJ lograron dominar, y que despertaron admiración entre sus miles de seguidores. Para sus integrantes era toda una aventura (como decía el eslogan de Tropical 99.0) amenizar eventos cada sábado en la noche en los mejores salones de Caracas, mientras la radio, simultáneamente, transmitía el programa de Katmandu.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Prácticamente sin habérselo propuesto, Katmandu consiguió hacerse parte de una movida, una época y un estilo de vida propio de una Venezuela que hoy seguimos recordando con la nostalgia de los años más felices de nuestras vidas.

Katmandu, se retira de escenario, por propia porque ya todo su personal cumplio una de las metas mas grande que tiene cada ser humano.

Después de lograr con mucho esfuerzo que todo el publico minitequero hablara de Katmandu y fuese una muy reconocida miniteca, sus integrantes deciden retirase del espectáculo ya que ellos llegaron a la encrucijada de sus vidas donde unos se casaron otros se graduaron y es allí cuando cada uno por separado comienza una nueva vida llena de metas profesionales dejando así una larga lista de anécdotas buenas y malas con esta famosa miniteca.
DISCOMOVIL le da las más sinceras palabras de agradecimiento A:

TELMO ALMADA
 

Por permitirnos escribir este Homenaje a una de las más Famosa Miniteca de Caracas y Venezuela KATMANDU, esperando que sea para el agrado de todos y que todo el público que escucho esta miniteca la recuerde con mucho gusto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

xcENTRA A LA FOTOGALERIA DE KATMANDU